Barreras. El exceso de agua, la falta de sol y precios de insumos afectan desarrollo de cultivos.

El sector arrocero paraguayo enfrenta una campaña marcada por las condiciones climáticas adversas, los elevados costos de producción y la incertidumbre generada por el fenómeno El Niño. Aunque los productores lograron avanzar con la siembra durante algunas ventanas de tiempo favorable, las lluvias persistentes y la escasa luminosidad ya están afectando el desarrollo de los cultivos y generan preocupación de cara a la cosecha prevista para los primeros meses del próximo año.
Reinerio Franco, presidente de la Federación Paraguaya de Productores de Arroz (Feparroz), explicó que los efectos del fenómeno climático comenzaron a sentirse entre junio y julio, cuando las precipitaciones dificultaron los trabajos de preparación del suelo. Posteriormente, las lluvias registradas en agosto retrasaron el inicio de la siembra, que comienza en ese mes. Pese a las dificultades, los productores aprovecharon una ventana climática entre finales de agosto y la primera quincena de setiembre para avanzar con las labores. Sin embargo, la concentración de las tareas en un periodo relativamente corto generó complicaciones para realizar oportunamente las aplicaciones y los cuidados culturales que requiere el cultivo.
“Las lluvias están afectando en el sentido de que necesitamos bastante tiempo seco y alta luminosidad para terminar de sembrar y los días de sol están siendo muy pocos”, dijo.
Menor superficie. Uno de los principales indicadores de la campaña es la reducción de la superficie destinada al cultivo. Según Franco, la intención de siembra se ubica en torno a las 200.000 hectáreas, por debajo de las entre 210.000 y 230.000 hectáreas que se venían sembrando en campañas anteriores.
La disminución responde a una combinación de factores económicos y climáticos. Por un lado, el encarecimiento de los fertilizantes y los defensivos agrícolas redujo la capacidad de algunos productores para mantener sus superficies habituales. Por otro, la amenaza de inundaciones llevó a otros a desistir de sembrar en áreas consideradas más vulnerables.
En cuanto al avance de las labores, el titular de Feparroz estimó que entre el 80% y el 85% de la superficie prevista ya estaba sembrada, mientras que el 15% al 20% restante dependerá de las condiciones favorables del tiempo.
El panorama genera incertidumbre, porque los pronósticos anticipan un periodo lluvioso durante noviembre, diciembre, enero y febrero, lo que podría presentar nuevas dificultades para completar la siembra, desarrollar y cosechar los cultivos.
Si bien las lluvias ya tienen efectos sobre la producción, Franco sostuvo que todavía es prematuro calcular la magnitud de las eventuales pérdidas de rendimiento. La principal preocupación está puesta sobre los próximos meses, cuando los cultivos sembrados en setiembre ingresen en la etapa de cosecha, y en caso de exceso de lluvia no permita la eventual entrada de máquinas a las zonas de cultivo.
Fuente. UH
