Temor. La falta de infraestructura, el riesgo de granizos y las lluvias intensas preocupan al sector.
Realidad. Menos del 30% de los agricultores están preparados para hacer frente al fenómeno climático.

Los pequeños productores hortícolas de Alto Paraná les prenden velas a todos los santos y vírgenes para poder enfrentar los posibles embates del fenómeno de El Niño sobre los cultivos durante la temporada de verano. La falta de infraestructura, el riesgo de granizadas, las lluvias intensas y la disponibilidad de agua aparecen como las principales preocupaciones para un sector que depende directamente del comportamiento del clima.
Virgilio Ramírez, de la Central de Horticultores Feriantes del Alto Paraná, explicó que los productores tienen pocas herramientas para enfrentar fenómenos climáticos extremos. “Lo que más hacemos es mucha oración. Mucha oración como creyentes, para que la naturaleza no nos traiga el menor impacto posible”, señaló.
Explicó que algunos productores intentan reducir los riesgos utilizando invernaderos, aunque la infraestructura todavía es limitada. Estimó que apenas entre el 20% y 30% de los feriantes dispone de este tipo de protección y que, además, no toda la producción puede ser trasladada bajo techo. “Se puede amortiguar un poco”, sostuvo, al referirse a las medidas preventivas. Sin embargo, cultivos como la sandía y el melón se producen principalmente a campo abierto y quedan expuestos a lluvias fuertes, vientos y eventuales granizadas. “La granizada o cosas que vienen le pueden caer encima y destruir, pisar, romper o tirar al suelo”, advirtió.
El productor aclaró que no prevén un desabastecimiento total, aunque sí una posible disminución de la producción. Las verduras, la sandía y el melón figuran entre los rubros que podrían sentir con mayor fuerza los efectos de condiciones climáticas adversas. A esto se suma el calor intenso del verano, que también dificulta la producción incluso cuando se cuenta con media sombra o algún sistema de protección.
Otro problema es el agua. Muchos pequeños productores dependen de reservorios y pozos realizados con maquinaria para almacenar el líquido durante los periodos de lluvia. Durante el verano, estos sistemas pueden disminuir considerablemente. Por ahora, según Ramírez, las lluvias registradas durante agosto permitieron mantener reservas y todavía no recibieron reportes generalizados sobre falta de agua en las comunidades.
Mientras miran al cielo, los productores también mantienen su apuesta por mejorar la calidad de sus productos. Empresas privadas visitan las chacras, ofrecen semillas y asesoramiento, lo que permite introducir mejoras en los cultivos. “Semanalmente nos esforzamos por producir más calidad”, afirmó.
La feria que funciona en el tinglado B frente a la Terminal de Ómnibus de Ciudad del Este, donde los feriantes ofrecen sus productos de miércoles a viernes, mantiene además un flujo estable de compradores. El movimiento aumenta durante las quincenas y a fin de mes, cuando existe mayor disponibilidad de dinero entre los consumidores, pero los feriantes aseguran contar con una clientela habitual que sostiene la actividad durante todo el año.
La Feria de Productores Hortigranjeros nació el 14 de febrero de 1997, cuando un grupo de pequeños agricultores, llegaron al centro de Ciudad del Este a bordo de camiones de las Fuerzas Armadas. Aquella jornada marcó el inicio de una iniciativa destinada a enfrentar la pobreza rural y la dependencia de los intermediarios.
Fuente. UH
