
Desde su histórica publicación en Nueva York, el libro El Principito es fuente de inspiración para lectores y artistas de todo el mundo que buscan expresar las emociones que despierta la pluma de Antoine de Saint-Exupéry.
El 6 de abril de 1943, la editorial Reynal & Hitchcock lanzaba en inglés y francés la obra, escrita desde el exilio. Antoine de Saint-Exupéry, piloto militar y laureado autor, concibió el manuscrito en Estados Unidos mientras cumplía la misión política de sumar apoyo contra la Alemania nazi.
Actualmente, con más de 250 traducciones –incluyendo el braille– y ventas que superan el millón de ejemplares por año, el material se consagra como la obra en francés más leída de la historia.
El impacto de la obra se fortalece en la era digital.
“El Principito es un libro al que el tiempo no hizo pasar de moda, aún en esta época marcada por la virtualidad. Pese a sus más de ocho décadas, sigue tan actual y es una de las más solicitadas por los lectores. Mantiene viva su llama literaria en las diferentes generaciones y se vuelve un fenómeno universal que interpela la mirada adulta referente al mundo y la vida humana”, comentó Marcos Ybáñez, presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay.
Ybáñez vincula la genialidad de la obra con las vivencias personales del autor, resaltando su paso por tierras guaraníes en 1929 durante sus misiones para la Aeropostal. Según explica, los viajes de Saint-Exupéry como “trotamundos” fueron la base de su percepción profunda de la existencia.
“Sus viajes como piloto por el mundo le ayudan a crear ese universo mágico de historias que captura el alma del lector. Durante estos viajes visitó nuestro país, donde vivió un romance junto al Lago Ypacaraí y tuvo un reencuentro en San Bernardino con Hilda Ingenohl”, detalló.
Para Ybáñez, esta obra es un clásico contemporáneo, escrito para lectores del presente y del futuro, “donde el encuentro entre un adulto pragmático y un niño visionario encierra la lucha constante entre la razón y la imaginación”.
Influencia en el teatro. En Paraguay, este fenómeno literario encontró una voz propia a través de las artes escénicas. El reconocido director de teatro Agustín Núñez recuerda el impacto y la travesía de llevar esta historia a las tablas: “La primera adaptación de El Principito para un grupo paraguayo de teatro la hicimos con el grupo Tiempo Ovillo en el año 1974, en nuestra gira internacional por gran parte de Latinoamérica”.
“Nos llevó a semejante travesía el poder acercar una obra de tanta importancia mundial a sectores que no están acostumbrados a la literatura, como niños y adolescentes. Inclusive la presentamos en universidades y en espacios donde por primera vez se veía teatro. Posteriormente, la presenté en Bogotá y luego una versión en Washington DC que tuvo una excelente crítica del Washington Post”, recordó.
Dos décadas después, a su regreso a Paraguay, el grupo de teatro Tuka’e le contrató para liderar una nómina de primerísimos actores a fin de llevarla a la escena en Asunción, ya en la década de 1990. Fue tal el éxito de la puesta que combinaba música, dramaturgia, danza y canto que trascendió fronteras. “Se la llevó a Montevideo para participar de un festival internacional”, señaló Núñez.
CONTENIDO HUMANO. Para el dramaturgo, El Principito le brindó grandes satisfacciones “por su contenido: El sentido humanitario, la recuperación de la interioridad y la espiritualidad del ser humano”.
El director de teatro considera que El Principito seguirá vigente, “mientras exista el anhelo humano de amistad, amor y solidaridad”.
Fuente. UH

