La Albirroja volvió a casa después de una campaña inolvidable en el Mundial y encontró el mejor premio: el cariño de su gente.

Cientos de hinchas y familiares colmaron el aeropuerto para ovacionar a un plantel que defendió la camiseta hasta el último minuto.
No hubo una copa en las manos ni una medalla colgando del cuello. No hizo falta. La selección paraguaya regresó este lunes al país con el reconocimiento más valioso que puede recibir un equipo: el cariño incondicional de su gente.
Cientos de hinchas coparon las inmediaciones del aeropuerto internacional Silvio Pettirossi para darle la bienvenida a un plantel que dejó la vida en la Copa del Mundo y volvió con la frente en alto.
Mucho antes del aterrizaje del vuelo, las banderas paraguayas ya coloreaban los accesos a la principal terminal aérea del país. Familias enteras, niños con la camiseta albirroja, adultos mayores y jóvenes se congregaron para esperar a los futbolistas, convencidos de que el esfuerzo merecía un homenaje.
El ambiente fue el de una verdadera fiesta. Bombos, cánticos y aplausos acompañaron una jornada cargada de emoción. Cada minuto aumentaba la expectativa hasta que finalmente el avión tocó suelo paraguayo y desató la explosión de alegría entre los presentes.
Entonces llegó el momento más esperado. Uno a uno fueron apareciendo los integrantes de la delegación paraguaya y el reconocimiento fue inmediato. Los aplausos retumbaron con fuerza, mientras el tradicional «¡Paraguay, Paraguay!” se imponía por encima de cualquier otro sonido.
Muchos futbolistas no pudieron ocultar la emoción. Algunos levantaron los brazos para agradecer el cariño, otros respondieron con aplausos y varios se fundieron en largos abrazos con sus familiares después de semanas de concentración y competencia. Fueron escenas cargadas de sentimiento, de esas que trascienden cualquier resultado deportivo.
Fuente. D10
