Aumentó la cantidad de niños y niñas que solicitan monedas en los cruces semafóricos de la ciudad. Muchos son indígenas y otros de familias urbanas en situación de extrema vulnerabilidad.

Ciudad del Este vive una lacerante realidad que se torna cada vez más visible y dolorosa, aunque se trate de un drama sin resolver en el país: La Niñez en calle.
En los cruces semafóricos, avenidas principales, esquinas céntricas y accesos a supermercados, se multiplicaron la cantidad de niños y niñas que piden monedas. Muchos de ellos pertenecen a comunidades indígenas y otros provienen de familias urbanas en situación de extrema vulnerabilidad.
Lamentablemente, la mendicidad infantil se ha instalado como una postal cotidiana que expone una problemática social que se arrastra desde hace años. La situación afecta en mayor medida a comunidades indígenas que llegan principalmente desde el Departamento de Caaguazú.
Familias enteras migran hacia Ciudad del Este empujadas por la pobreza, la falta de oportunidades laborales y la ausencia de asistencia estatal en sus comunidades de origen. Si bien la Municipalidad y la Gobernación de Alto Paraná han realizado en distintas ocasiones traslados de estas familias a sus lugares de procedencia, la falta de contención y apoyo sostenido provoca que regresen al poco tiempo, reiniciando un ciclo que parece no tener fin.
Con el paso del tiempo, la presencia de niños mendigando pasó de ser esporádica a prácticamente permanente. Actualmente, casi no existen nudos semafóricos donde no se observe a menores indígenas o a familias en situación de calle que utilizan a sus hijos para pedir limosna. La exposición diaria a los riesgos del tránsito, a las inclemencias del tiempo y a posibles situaciones de violencia convierte esta realidad en una grave vulneración de derechos.
CAMPAÑA. Desde la Municipalidad de Ciudad del Este, a través de la Consejería Municipal por los Derechos del Niño, la Niña y el Adolescente (Codeni) vienen impulsando desde hace tiempo una campaña de concienciación dirigida a la ciudadanía. El mensaje busca desalentar la entrega de dinero en la vía pública, bajo el argumento de que dar monedas no ayuda y, por el contrario, perpetúa el trabajo infantil y expone a los niños a mayores peligros.
Desde la Codeni señalan que sus equipos recorren permanentemente la ciudad con el objetivo de prevenir el trabajo infantil, proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes y acompañar a las familias en situación de vulnerabilidad. Sostienen que la verdadera ayuda consiste en denunciar estos casos y confiar en los canales institucionales habilitados para intervenir.
Sin embargo, esta postura genera reacciones encontradas en la ciudadanía. En redes sociales, muchos vecinos expresan su indignación y cuestionan la eficacia de las instituciones del Estado. Walter Calderón se pregunta a quién recurren estas familias cuando el Estado está ausente y cuestiona que se hable de derechos mientras persiste la carencia extrema. Afirma que el problema no se soluciona dejando de dar limosna y que la raíz está en un sistema que expulsa a las personas del campo hacia las ciudades sin ofrecer alternativas reales de subsistencia.
Calderón sostiene que históricamente el paraguayo no pasa hambre cuando tiene acceso a su chacra, pero que muchos migraron sin preparación y chocaron con una realidad dura en las ciudades. Según su reflexión, cuando no se cuenta con estudios, contactos ni posibilidades, la mendicidad termina siendo la única salida visible.
ADICCIÓN. Otras voces aportan una mirada aún más preocupante. Héctor Ramírez denuncia que en muchos casos los niños y niñas son utilizados para conseguir dinero que luego es destinado a la compra de sustancias prohibidas. Asegura que algunos padres obligan a sus hijos a salir a pedir para sostener sus vicios, exponiéndolos a una situación de abandono y explotación.
Lourdes Jara describe escenas frecuentes en distintos puntos de la ciudad. Relata que en cada esquina hay numerosos niños pidiendo dinero, mientras sus madres permanecen sentadas observando la situación sin intervenir. Alexis Barboza cuestiona la responsabilidad de los adultos y señala que, en algunos casos, las madres cuentan con teléfonos celulares de alta gama mientras los niños son enviados a mendigar.
Desde otra perspectiva, Eli Caballero considera que los padres son los principales responsables del cuidado de sus hijos y sostiene que el Estado debería habilitar centros de protección y educación para menores, como una forma de resguardar sus derechos y generar un cambio real en la sociedad.
Fuente. UH

